
La artrosis es una enfermedad crónica de las articulaciones asociada con cambios degenerativos-distróficos en sus estructuras con daño predominante al tejido cartilaginoso. La enfermedad progresa lentamente y es asintomática en las etapas iniciales. El cartílago y el tejido óseo de la articulación, su cápsula y la bolsa periarticular se destruyen gradualmente y, posteriormente, los músculos, ligamentos y tejido subcutáneo circundantes participan en el proceso patológico.
Según la OMS, una de cada diez personas padece esta enfermedad y el riesgo de desarrollarla aumenta significativamente en personas mayores de 50 años. Las articulaciones de la rodilla y la cadera son las más afectadas. La causa de la artrosis es la incapacidad de la articulación para hacer frente a la carga que soporta. En respuesta a los efectos traumáticos, se desarrolla inflamación, lo que conduce a procesos patológicos en los tejidos de la articulación.
Los pacientes con artrosis de las articulaciones requieren un tratamiento complejo, sin el cual la enfermedad conduce a una disminución de la capacidad para el trabajo y la calidad de vida, limitación de las actividades deportivas y profesionales y, en última instancia, a la discapacidad.
Clasificación de artrosis
Según la causa de aparición, la enfermedad se divide en:
- artrosis primaria: surge debido al hecho de que las células del tejido cartilaginoso de la articulación se destruyen más rápido de lo que se forman otras nuevas. En la mayoría de los casos, esto se asocia con cambios relacionados con la edad y no es consecuencia de ningún proceso patológico específico en el cuerpo;
- artrosis secundaria: aparece en el contexto de una enfermedad específica o como resultado de una lesión articular.
Según su localización, la artrosis se divide en localizada (que afecta a menos de 3 articulaciones) y generalizada (que afecta a más de 3 articulaciones). Esta última también se llama poliartrosis.
Causas de la artrosis
Esta enfermedad ocupa el primer lugar en el mundo entre las causas de dolor y deterioro de la actividad. A pesar de que los cambios relacionados con la edad se consideran la causa principal, a menudo se diagnostica en pacientes jóvenes. Las mujeres son más propensas a la artrosis que los hombres, aunque más cerca de los 70 años esta diferencia se vuelve casi imperceptible.
La artrosis de las articulaciones de la cadera, la rodilla, el tobillo y el hombro tiene el mayor impacto negativo en la calidad de vida y la capacidad de trabajo de los pacientes. Menos comunes son las artrosis del codo y de las articulaciones temporomandibulares, así como de las manos, los pies y la columna.
Los factores predisponentes incluyen:
- vejez;
- predisposición genética;
- actividad física intensa asociada a deportes o actividades profesionales o, por el contrario, un estilo de vida sedentario, que altera la nutrición normal de los tejidos, especialmente en las articulaciones grandes;
- lesiones articulares (fracturas, grietas, dislocaciones);
- usar zapatos inadecuados;
- enfermedades sistémicas (trastornos metabólicos, enfermedades endocrinas, neuropatías, enfermedades gastrointestinales, trastornos hemorrágicos);
- mala nutrición;
- sobrepeso.
Las mujeres tienen más probabilidades de sufrir esta enfermedad porque son más susceptibles a los desequilibrios hormonales.
Síntomas y grados de artrosis.
El principal signo clínico de artrosis es el dolor. En las primeras etapas puede estar ausente, ser leve o intermitente. A medida que avanza la enfermedad, el dolor se vuelve más notorio, puede presentarse durante el ejercicio y en etapas avanzadas puede resultar molesto incluso en reposo.
Las manifestaciones secundarias de la enfermedad dependen de la localización del proceso. En la mayoría de los casos, se trata de movilidad limitada en el área afectada (especialmente después de dormir o de un descanso prolongado), deformación, hinchazón y enrojecimiento en el área de la articulación, crujidos y crepitaciones al moverse, alteraciones del sueño debido al dolor y la incapacidad de encontrar una posición cómoda para el cuerpo, cambios en la marcha y la coordinación, espasmos musculares.
Vale la pena señalar que el proceso patológico en una articulación puede trasladarse a las vecinas debido a una distribución inadecuada de la carga o restricciones de movimiento.
Según la gravedad de la lesión, se distinguen:
- la artrosis de 1 grado - es asintomática o los signos no son expresados, el paciente sigue siendo capaz de trabajar y el diagnóstico es difícil;
- Artrosis de segundo grado: acompañada de síntomas graves, la calidad de vida del paciente disminuye, el diagnóstico revela trastornos evidentes;
- artrosis de tercer grado: caracterizada por un aumento de los signos clínicos, se nota externamente deformación de las articulaciones y los métodos de diagnóstico revelan trastornos intraarticulares graves;
- artrosis de cuarto grado: conduce a una discapacidad parcial o total; Los trastornos se encuentran en todas las estructuras de la articulación, los músculos y ligamentos circundantes.
Diagnóstico de artrosis.
Un traumatólogo ortopédico hace un diagnóstico primario basándose en los datos del paciente sobre su estilo de vida y actividades laborales, la naturaleza y duración de las quejas, la dinámica de los síntomas, la presencia de artrosis en familiares, y también realiza un examen y prescribe pruebas o consultas con especialistas relacionados (endocrinólogo, hematólogo, nutricionista, gastroenterólogo).
Las pruebas de laboratorio incluyen un análisis de sangre general con recuento de leucocitos, nivel de hemoglobina y VSG. Estos indicadores indican inflamación en el cuerpo, que necesariamente está presente en la artrosis. Los parámetros bioquímicos miden el nivel de factor reumatoide y proteína C reactiva. Si se sospecha determinadas patologías, se controlan otros parámetros sanguíneos de laboratorio. También tiene valor diagnóstico el análisis del líquido sinovial, que revela células e inclusiones patológicas, permite confirmar el diagnóstico o diferenciar otra enfermedad.
Los métodos instrumentales y visuales para diagnosticar la artrosis ayudan no solo a detectar la patología, sino también a determinar el estadio de la enfermedad y el grado de afectación de los tejidos circundantes. Los más efectivos de ellos son:
- radiografía: realizada principalmente en dos proyecciones, se utiliza para detectar el estrechamiento del espacio articular y la formación de crecimientos óseos (osteofitos) en el lugar del cartílago dañado;
- resonancia magnética y tomografía computarizada: prescritas en las primeras etapas, cuando los cambios menores aún no se notan en las radiografías;
- Ultrasonido: se utiliza además de estos métodos y ayuda a identificar la acumulación de exceso de líquido en la cavidad articular (por ejemplo, un quiste de Baker en la gonartrosis), evaluar el estado de los tejidos circundantes y medir el grosor del cartílago articular;
- gammagrafía – implica la administración intravenosa de un fármaco radiactivo que se acumula en los tejidos con procesos inflamatorios, y dichas áreas de acumulación se muestran en las imágenes, gracias a esto es posible identificar la artrosis en las primeras etapas y realizar un diagnóstico diferencial;
- artroscopia: permite examinar la articulación desde el interior mediante la introducción de una microcámara en la cavidad articular a través de una pequeña incisión, como resultado, es posible recopilar datos detallados sobre los procesos patológicos y lesiones en curso, así como tomar una biopsia del área afectada;
- El examen histológico de la membrana sinovial revela una proporción alterada de células sanas y la presencia de inclusiones patológicas en la articulación, lo que permite el diagnóstico diferencial.
El diagnóstico diferencial permite distinguir la artritis de otras enfermedades con un cuadro clínico similar, que incluyen:
- diversas artritis (anquilosante, reactiva, reumatoide, psoriásica, infecciosa);
- gota y pseudogota;
- enfermedades de músculos y ligamentos (fibromialgia, polimialgia reumática);
- artropatía (diabética, paraneoplásica);
- Enfermedades congénitas (hipoplasia de la cabeza femoral).
Tratamiento de la artrosis
A pesar de la prevalencia generalizada de la enfermedad y de los métodos bien estudiados, no existe ningún tratamiento para la artrosis. Los enfoques terapéuticos tienen como objetivo eliminar el dolor, aliviar la inflamación, restaurar la función de las articulaciones y prevenir complicaciones.
La elección del tratamiento depende de la causa, la ubicación y el grado de artrosis:
- terapia con medicamentos en forma de tabletas para la artrosis (analgésicos y antiinflamatorios no esteroides, corticosteroides, condroprotectores), inyecciones intraarticulares o periarticulares de estos grupos de medicamentos, además del uso de ungüentos y geles;
- fisioterapia durante la remisión (electroforesis medicinal, galvanización, acupuntura, estimulación eléctrica, terapia de ondas de choque, masajes, terapia magnética y con láser, crioterapia);
- los ejercicios terapéuticos para la artrosis se prescriben individualmente, las sesiones se llevan a cabo bajo la supervisión de un especialista;
- en casos avanzados, se realiza una intervención quirúrgica (reemplazo articular parcial o completo, sutura o extirpación de un menisco desgarrado, extirpación de crecimientos óseos y quistes de Baker).
Prevención de la artrosis
Se recomienda controlar la carga en las articulaciones, mantener un estilo de vida saludable, realizar ejercicios terapéuticos, controlar el peso y seguir una nutrición adecuada.
Un traumatólogo ortopédico ayudará a seleccionar rodilleras, una órtesis o un vendaje para pacientes con artrosis para reparar la articulación afectada, reducir la carga sobre ella y prevenir lesiones.
Los exámenes preventivos y la consulta oportuna con un médico cuando se producen molestias en las articulaciones permiten identificar el problema en una etapa temprana y evitar complicaciones graves y discapacidad.





















